domingo, 12 de junio de 2011

Cuerpos camuflados

Nos militarizan los cuerpos, las mentes, el Alma. Nos militariza el que sigue creyendo que debemos ser sumisas.

Las políticas de seguridad centradas en lo militar, dejan a un lado todo el tema de seguridad integral que busca, en lugar de la ocupación y control de territorios, el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas a partir de oportunidades sociales, laborares, educativas y del respeto y garantía de los derechos humanos.

La militarización de las zonas es permanente, cambiando los patrones de comportamiento de las comunidades allí asentadas, se genera un clima de autoritarismo en la vida cotidiana donde las que manda son las armas y los camuflados; y donde los conflictos se solucionan con violencia. Se refuerza estereotipos discriminatorios hacia las mujeres y la niñez.

En las zonas de gran presencia militar el poder se construye y ejerce a partir de la figura masculino/militar/macho, se genera un nivel simbólico de apropiación de valores militares, se normaliza esta cultura, se exalta y se educa en ella, por lo que el único modelo de masculinidad valido es el que legitima la violencia.

Entre algunas de las cosas que se agudizan es el aumento de la prostitución y la vulneración de derechos de las personas que la ejercen, la violencia sexual y amenazas contra organizaciones de mujeres.

El control de los cuerpos y de las identidades se hace desde normas de convivencia estrictas que definen la manera adecuada de vestir de hombres y mujeres, restringen el uso de tatuajes y prohíben los pearcing, la homosexualidad y las construcciones identitarias que no se ajustan al modelo tradicional, entre otras. Normas todas que exacerban los roles sociales construidos de los sexos y géneros, y con ellos la opresión hacia las mujeres que termina en un aumento de la violencia intrafamiliar, de abusos sexuales y agresiones físicas, verbales y psicológicas hacia ellas.

Sin embargo esto no es algo tan alejado como pueda parecer. La vida militarizada se expresa tan cerca de nosotras y se ve tan normal, que casi ni nos damos cuenta que eso existe. La militarización se expresa no sólo cuando un agente externo determina reglas y normas, en nuestra casa, en el colegio, la iglesia, la televisión, se imponen reglas y controles sobre lo que debemos ser. El ser “buenas mujeres”, sentarnos de buena forma, tener una figura delgada, quedarnos en silencio ante cualquier situación, mantener la compostura, no enloquecer… esas, son formas de control, de control militar impuesto con sutileza, con amor falso… por eso sacar el militarismo de nuestras vidas implica reflexionar y reaccionar frente a el control de nuestro cuerpo, de nuestra identidad, de tener la posibilidad de ser.

Para mas info visita: www.lasjuanas.tk  y/o  www.mujeryconflictoarmado.org/informes/IX%20informe%20Mesa.pdf

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