lunes, 6 de junio de 2011

La Organización Juvenil Contra la Militarización de Nuestras Vidas

La noche del 31 de marzo de este año 50 jóvenes fueron recluidos por la policía en un salón comunal en la localidad de Bosa; las razones para hacerlo: estaban violando el toque de queda. El 80% de las noticias sobre robos, asesinatos y demás actos violentos cometidos en las ciudades colombiana tienen como protagonistas a “grupos de jóvenes”, asociados, en la mayoría de los casos, a consumo de drogas, porte de armas y una larga lista de conductas social y jurídicamente condenadas. El cubrimiento periodístico y noticioso a las personas jóvenes está marcado por la estigmatización y de esta manera nos muestran como un peligro al que hay que enfrentar con estrategias represivas. En este marco, la propuesta de estatuto de seguridad ciudadana es la herramienta con la que el gobierno pretende hacerle frente a la “amenaza criminal” ubicada en las ciudades, y que en términos prácticos implica continuar con la criminalización a la que nos vemos sometidos en nuestra cotidianidad.

El servicio militar obligatorio es un temor al que nos enfrentamos los jóvenes colombianos cuando salimos del colegio. Día a día, vemos como en los portales de TransMilenio y en los parques de los barrios populares, se paran grupos de soldados pidiendo papeles y montando en camiones a miles de jóvenes que no pueden estudiar y que no pueden pagar su libreta. La mayoría de jóvenes que somos víctimas de estas batidas ilegales pertenecemos a los sectores desposeídos de la sociedad, y no podemos, como lo harían los dueños del país, pagar el dinero que nos cobran por una libreta militar. Un Estado que no nos ofrece nada nos exige, sin embargo, que pasemos meses de nuestra vida uniformados y cargando las armas con las que nos matan en las calles de nuestros barrios; nos pide que arriesguemos nuestra vida por una causa que no es la del pueblo colombiano.

El parque central de Fontibón, las calles de Kennedy, Suba, Ciudad Bolívar, los portales del Tunal, del Sur, de Usme, las esquinas de Bosa, de Cazucá y de Santa Fe, son los escenarios donde la juventud bogotana, día a día, sufre la permanente persecución por parte de la fuerza pública, ya sea ésta policial o militar. Crecemos en colegios, acatando órdenes, y bajo un régimen autoritario, jerárquico y militar, dónde lo más importante es cumplir las órdenes.

Es así como todos los días las personas jóvenes nos vemos enfrentadas a la militarización de nuestra vida, la cual está íntimamente vinculada al modo de vida que nos han impuesto y que rige nuestras sociedades. La militarización es la forma como nos controlan para hacernos más útiles al capitalismo y como reprimen a una juventud que se disputa condiciones de vida más dignas que las que nos impone el capital.

¿Cómo construir juventud para el futuro de nuestras sociedades? La división es clara: hay una juventud que crece al ritmo que proponen los discursos contemporáneos, preocupada por la acumulación y por la garantía del orden existente, y por otro lado somos una juventud que se pelea día a día, calle a calle, parque a parque las posibilidades de llevar una vida digna.

En resumen somos una juventud que se enfrenta a un modo específico de construir mundo y construir sociedad, en el marco del capitalismo. Somos una juventud que vive y sufre la militarización en todas partes y todos los días, y con militarización no queremos referirnos solamente a fenómenos relacionados con las armas, la fuerza pública o la guerra. Con militarización queremos referirnos a un modo de vida que se impone desde las clases dominantes para garantizar la supervivencia de un orden social, económico y político excluyente, y que sacrifica la vida de millones por los caprichos de cientos. Hablamos de militarización como la estrategia usada para controlarnos, para decirnos qué hacer, según los criterios que los mantienen como privilegiados, y a nuestro pueblo como excluido. Queremos hablar de cómo nos controlan la vida minuto a minuto, de cómo nos dicen qué, cómo y en donde vivir.

La militarización nos inmoviliza, nos estanca, nos aquieta, nos calla, nos disciplina, nos separa a unas de otros. Somos una generación que ya ha sufrido el sistemático ejercicio de poder que tiene como resultado la individualización y la absoluta negación de pensar una vida en comunidad. La militarización no sólo profundiza esos valores sino que además le adiciona los militares. La fuerza como principal forma de solucionar problemas, la eliminación del diálogo como vía de construcción de sociedad, el maltrato a las mujeres se profundiza y se hace más agudo cuando es el “héroe” el ideal de persona.

Nuestra sociedad está plagada de propaganda militar que insiste y profundiza la situación de militarización en la que vivimos: osos de peluche en los supermercados con fondos destinados para instituciones militares, los juguetes de la operación jaque, el constante llamado a celebrar las muertes, a hacer de la guerra un espectáculo mediático. Esta insostenible situación que precariza nuestra vida y nuestras relaciones, que nos frustra y nos mata de insalubridad, nos hace vivir una vida enfangada, es la que nos lleva a encontrarnos, a organizarnos y a manifestarnos contra la militarización y por el des-control de nuestras vidas.

Desde la Red Libertaria Popular Mateo Kramer, queremos extenderles la invitación a luchar contra la militarización. Invitamos a luchar contra el servicio militar obligatorio, contra las batidas, las requisas, la persecución, la estigmatización; contra el machismo, el sexismo y la naturalización de roles jerárquicos, que nos oprimen y nos roban la vida. Queremos hacerles la invitación a construir una juventud digna y rebelde, desde la contracultura, la contrainformación, la organización juvenil y la construcción de poder popular.



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