sábado, 3 de septiembre de 2011

¡No era mentira, sí fue brutalidad policial!

Una supuesta llamada al 123 alertaría a las autoridades del desarrollo de un atraco en un bus de servicio público. Hasta el sitio habría llegado una patrulla que se encontraba en la zona. En el desarrollo de la persecución uno de los supuestos implicados en el robo habría intentado dispararle a uno de los agentes, quien, en defensa propia, respondió disparando. Según el parte médico, el joven ingresó con dos orificios por arma de fuego: uno en el hombro izquierdo y otro en la región toracombular. El joven murió a pesar de los intentos de reanimación.
Esta es la versión que defiende la policía en lo que atañe a la muerte de Diego Felipe Becerra, joven de 16 años asesinado el pasado 19 de agosto mientras se encontraba realizando grafitis en la avenida Boyacá con calle 116. El desarrollo de la investigación por parte de la fiscalía ha permitido constatar que la versión oficial de los hechos es falsa.
Según el dictamen de medicina legal el joven tenía rastros de pintura en las manos, lo cual corroboraría el hecho de que estaba pintando grafitis, no asaltando un bus como lo afirma la policía. De igual forma, debido a que el agente implicado en los hechos asegura que Diego Felipe le apuntó de frente con un arma de fuego, razón por la que habría disparado, la fiscalía decidió realizar una prueba de absorción atómica. El resultado de la prueba permitió constatar que el joven no tenía rastros de pólvora en sus manos, demostrando que no portó ni accionó ningún arma de fuego.
Pero no sólo las pruebas científicas nos permiten percatarnos de la falsedad de la versión oficial. Los amigos de Diego Felipe, que lo acompañaban la noche del suceso, afirman haber estado pintando grafitis y que el agente le disparo sin motivo alguno y por la espalda. También resulta extraño que el conductor del bus haya renunciado a la empresa en la que trabajaba, según él, por la presión que ha venido recibiendo por parte de la policía para que modifique su versión de los hechos. De igual forma, familiares de los amigos de Diego Felipe afirman que sus allegados han sido víctimas de amenazas y atropellos por parte de la policía, con la intención de que guarden silencio respecto al tema.
Desde la Campaña Por el Des-control de Nuestras Vidasreafirmamos nuestro rechazo ante estos hechos que dan cuenta de la criminalización de la juventud por parte de la policía. Rechazamos todo el despliegue complotista que ha desarrollado la policía para encubrir su crimen, lo cual permite ver la forma como las instituciones de seguridad, supuestamente democráticas, le mienten y engañan al pueblo colombiano. Recordemos que los cientos de casos de crímenes extrajudiciales que fueron pasados como positivos siguen sin resolverse y, por el contrario, tenemos a su responsable como presidente.

Queremos finalizar recordando que el caso de Diego no es el único caso de abuso por parte de la policía y demás entes de seguridad del Estado. Todos los días la juventud colombiana es criminalizada y violentada. Los jóvenes de los barrios populares tienen que soportar el peso de una seguridad impuesta a punta de sangre y olvido. Así pues, y aunque la opinión pública quiera hacer oídos sordos ante los muertos producto de las jornadas de “limpieza social” (viles crímenes), sabemos que día a día muchos y muchas jóvenes son asesinadas por un sistema, cuyas ofertas para el pueblo colombiano se reducen al hambre y la muerte. Con el desarrollo de la Campaña por el Des-control de Nuestras Vidas, le hacemos saber al pueblo colombiano que no olvidamos nuestros muertos y, por el contrario, que luchamos todos los días por la posibilidad de una juventud y un país rebelde y digno.

GRAFFITI: GUACHE

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